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Viernes 25 de Mayo


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En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al ministrarse unos a otros

1 Pedro. 4:10

Jehová nos ha mostrado bondad inmerecida y nos concede dones, capacidades o talentos, que podemos usar para darle gloria y ayudar a otros (Rom. 12:4-8). La tarea que Dios nos ha asignado conlleva dignidad, confianza y responsabilidad. Ahora bien, nuestro papel en la organización de Dios puede cambiar con el tiempo. Pensemos en el caso de Jesús. Al principio, estaba a solas con Jehová (Prov. 8:22). Más tarde, ayudó a crear a los demás seres espirituales, el universo y, finalmente, a los humanos (Col. 1:16). Muchos años después, Jesús asumió un nuevo papel en la Tierra, primero como un bebé indefenso y luego como un adulto (Filip. 2:7). Cuando dio su vida en sacrificio, regresó al cielo y se convirtió en el Rey del Reino de Dios en 1914 (Heb. 2:9). Y al final de su Reinado de Mil Años, entregará el Reino a Jehová para que él “sea todas las cosas para con todos” (1 Cor. 15:28). w17.01 3:11, 12

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