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Jueves 25 de Enero


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He hallado a David, varón agradable a mi corazón

Hech. 13:22

David fue un hombre fiel prácticamente toda su vida. Pero cayó en un pecado grave: cometió adulterio con Bat-seba (2 Sam. 11:1-21). David no podía deshacer lo que había hecho. Tampoco podía librarse de las consecuencias de sus errores. Es más, sufriría algunas de ellas durante toda su vida (2 Sam. 12:10-12, 14). Así que necesitaba fe. Tenía que confiar en que, como se había arrepentido de verdad, Jehová lo perdonaría y lo ayudaría a afrontar las consecuencias de sus actos. Todos somos imperfectos y pecamos. Algunos pecados son más graves que otros. Hay casos en los que no podremos deshacer lo que hemos hecho y tendremos que aprender a vivir con las consecuencias (Gál. 6:7). Pero podemos confiar en que Dios cumplirá su palabra de que, si nos arrepentimos, nos apoyará cuando pasemos por dificultades, aunque sean culpa nuestra (Is. 1:18, 19; Hech. 3:19). w17.01 1:10-12

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